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Orri hau berrikusi gabe dago


asi, si en romance se respondiera la mano, la piedra, la cabeza, la simpleza, empezarian por la: el hombre, el calor, el frio empezarian por el, y todo genitivo empieza con de. Siendo esto asi, algunos hay tan insulsos que ponen por nulidad al bascuence el que sus nombres todos se acaban en á. Ya queda convencido de falso el asunto, si se habla de los nombres por si solos, y si de los artículos, unas veces se acaban en á, otras en ac, ahora en n, como jaun-arén, despues en i, como jaunari, sino es que nos digan que los nombres en sus casos oblicuos dejan de ser nombres. Pero eso seria ignorar demasiado, no saber lo que son casos rectos y oblicuos de nombre. Y aunque el asunto fuese verdadero, ¿qué se puede inferir de ahí sino la impertinencia é ignorancia de los que se rien de eso? Semejante á la de quien se riese de que todo nombre del romance se acaba en plural en s, los hombres, los simples, los importunos.
Otra objecion hacen contra el bascuence; porque en esta lengua todo se ha de construir al revés, por la posposicion que tiene de artículos, v.gr. ur garbi-á, burú uts-á se han de construir agua clara la, cabeza vana la. Qué simpleza! y de dónde te consta que esa construccion es al revés? y mas si doy yo en decir que va al revés tu construccion castellana? Sabes? los hebreos escriben el renglon tirándole de la mano derecha á la izquierda, y tú le tiras de la izquierda á la derecha: y quién escribe al revés? Segun ese reparo se habrán de desterrar del latin el que, ve, ne y otros adverbios y aun toda su sintáxis. Y sino construye esta oracion: sempér enim hic homo leones inter, ursosque commoratus est: mira que donosura, siempre por que este hombre leones entre osos y vivido ha. Pero yo habo mal en cansarme en esta puerilidades. Goazén emendic.

§V.

De los nombres propios y de su declinacion.

Los nombres propios de mugeres siguen en toda la declinacion comun de los apelativos por los artículos a, ac, de los cuales el a está embebido en la terminacion del nombre, y por eso no se duplica, Juana Antonia, Maria, v.gr. Jóana, Jóanac, Jóanaren, Jóanari,etc. Ni hay de ellos que advertir mas que el acento no está en los artículos, como en los apelativos, sino en alguna sílaba del nombre, y asi no se dice Jóanac, sino Joanac. Los propios de hombre son en dos maneras: unos que en romance se acaban en vocal, Pedro, Pablo, Antoio, y otros en consonante, Juan, Martin, Felix. La declinacion de los primeros es de este modo: para los verbos neutros no añade nada el nominativo, sino que la o final sirve de artículo, como en los apelativos el á, v. gr. Pedro dátor, Pablo dirudi; para los activos se añade por artículo una c como Pedroc dio, Pabloc il nau. En los demás casos sirve el artículo comun, perdiendo solamente la a inicial, v. gr. Pédroren, Pédrori, Pédrorenzat, etc. y el acento se conserva en el nombre, sin pasar al artículo. La declinacion de los segundo es como se sigue. Pa-